En el conteo, un voto anulado por enojo y uno anulado por error valen lo mismo: un voto inválido. Y si en tu familia dos personas eligen presidente de manera opuesta, en la tabla de resultados solo quedan sumadas en columnas distintas. ¿Qué se pierde cuando todo se agrega? De esa pregunta salen los dos temas de esta entrada: la brecha de género en el voto y el voto nulo como protesta.
Dos lecturas estudian conductas que el análisis del voto suele tratar como residuo: las diferencias entre mujeres y hombres al elegir presidente y el voto inválido. Las dos preguntan qué explica cada conducta y las miden en distintos niveles.
Reyes-Housholder y Schwindt-Bayer (2025) preguntan por qué mujeres y hombres votan de manera distinta en las elecciones presidenciales. Proponen una teoría que integra tres explicaciones: la ideología, el feminismo y las personalidades con género. Para ponerla a prueba, diseñaron y aplicaron encuestas en las segundas vueltas de Chile en 2021 (Boric y Kast), de Brasil en 2022 (Lula y Bolsonaro) y de Argentina en 2023 (Massa y Milei). Hay brecha de género en las tres elecciones: las mujeres votan por Boric, Lula y Massa en mayor proporción que los hombres. La ideología y el feminismo reducen o explican la brecha en los tres países. La autoidentificación feminista predice el voto de manera más consistente, pero en los modelos de descomposición la ideología explica una mayor parte de la brecha y el feminismo ocupa el segundo lugar. Las personalidades con género no parecen influir, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos. Los autores indican que no pueden determinar si quienes eligieron a Boric, Lula y Massa lo hicieron por sus credenciales ideológicas y feministas o por un mayor rechazo hacia sus contrincantes. Como las tres segundas vueltas enfrentaron a candidatos varones, el estudio no mide el efecto de tener candidatas.
Lioy (2024) cambia de nivel. Estudia 148 intervalos entre elecciones legislativas de 18 países latinoamericanos entre 1979 y 2021, y suma votos en blanco y nulos porque no hay evidencia para tratarlos por separado. En las elecciones legislativas de 1946 a 2021, el voto inválido (blancos y nulos juntos) ha rondado el 9% de los votos emitidos. Más protestas antigubernamentales se asocian con más votos inválidos, con una relación más fuerte cuando no hay alternancia en el partido más grande del Congreso. Las huelgas se asocian con menos votos inválidos, lo que el autor interpreta como una sustitución entre ambas formas de participación. El deterioro democrático aumenta el voto inválido de manera independiente, y los cambios en la corrupción no tienen efecto independiente a nivel agregado, aunque el autor señala que podrían tenerlo a nivel individual.
Leídas juntas, las dos lecturas muestran que lo que el análisis del voto suele tratar como residuo tiene razones identificables. La diferencia entre mujeres y hombres al elegir presidente se explica sobre todo por la ideología y el feminismo; el voto inválido acompaña a la protesta y al deterioro democrático, en especial cuando no hay alternancia. Hay explicaciones rivales, y las propias lecturas las reseñan. Para algunos, buena parte del voto inválido es un error al marcar la boleta, ligado al diseño de la papeleta o a la escolaridad, y no una protesta; Lioy responde que los cambios bruscos de una elección a otra difícilmente se deben a errores. Y la brecha de género también se ha atribuido a la autonomía económica de las mujeres o a rasgos de personalidad asociados al género, que en Estados Unidos sí predicen el voto y en estas tres elecciones no.
Los dos estudios responden preguntas distintas con datos distintos: encuestas de tres elecciones presidenciales en el primero y resultados agregados de elecciones legislativas en el segundo. Lioy no observa la intención de cada persona que anula su voto ni distingue entre error y protesta a nivel individual. En México, falta determinar si el voto nulo posterior a 2006, que Lioy menciona como un caso debatido, sigue el patrón regional de asociación con la protesta.
El título del artículo de Lioy es una frase de Bartleby, el escribiente («Preferiría no hacerlo»), y constituye una buena entrada a su argumento: la pregunta de cuándo no votar por nadie es una forma de decir algo. El de Reyes-Housholder y Schwindt-Bayer, en inglés, combina una teoría y tres pruebas; léelo elección por elección. Para poner a prueba a Lioy, busca el porcentaje de votos inválidos en una elección legislativa reciente de un país de la muestra de Lioy y los eventos de protesta del periodo anterior, y pregúntate qué datos te faltarían para afirmar algo sobre la intención de quienes anularon.
Referencias bibliográficas
Lioy, A. (2024). «I would prefer not to»: Establishing the missing link between invalid voting and public protest in Latin America. Latin American Politics and Society, 66(1), 106–132. https://doi.org/10.1017/lap.2023.29 Acceso abierto: https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/9C056939DCAE27571A69C10691F55AD8/S1531426X23000298a.pdf/
Reyes-Housholder, C., y Schwindt-Bayer, L. A. (2025). Gender and presidential vote choice in Latin America. British Journal of Political Science, 55, Artículo e180. https://doi.org/10.1017/S0007123425101117 Acceso abierto: https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/053F482805D363FF8951F29758678323/S0007123425101117a.pdf/

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