¿Cómo se entrecruzan las dominaciones?

Abstract suspended sculpture with geometric panels and colored threads in gallery

¿A qué línea llama alguien que no habla el idioma local y además vive violencia en casa, si el servicio de ayuda tiene una línea para cada problema? El caso es hipotético, pero el hueco no: la interseccionalidad nombra ese cruce de dominaciones que no se suman una a otra, sino que se viven juntas.

Las categorías sociales suelen estudiarse por separado: la clase en un capítulo, el género en otro, la raza en un tercero. Kimberlé Crenshaw y Mara Viveros Vigoya muestran por qué esa separación deja fuera a quienes viven varias formas de dominación a la vez.

Crenshaw (1991) retoma un concepto que había propuesto en un trabajo anterior para mostrar que muchas experiencias de las mujeres negras no caben en los márgenes de la discriminación racial ni de la de género, tal como se entendían, y que no pueden comprenderse mirando por separado la raza o el género. Aquí lo lleva al estudio de la violencia contra las mujeres de color. Sostiene que los discursos antirracistas y feministas suelen construirse a partir de la experiencia de un solo grupo: los varones negros en el primero y las mujeres blancas de clase media en el segundo. Quien vive ambas dominaciones queda sin un marco que reconozca su problema. Organiza el artículo en dos dimensiones. La interseccionalidad estructural alude a cómo la posición de las mujeres de color, en el cruce de raza y género, hace que la violencia doméstica, la violación y la recuperación sean cualitativamente distintas de las que viven las mujeres blancas. La política alude a cómo las políticas feministas y antirracistas, juntas, han relegado la violencia contra las mujeres de color, y pueden obligar a elegir entre la lealtad a la raza o al género.

Viveros Vigoya (2016) reconstruye la genealogía del concepto. Perspectivas que hoy se llamarían interseccionales aparecen mucho antes que el término: en Olympe de Gouges, que en 1791 comparaba la dominación colonial con la patriarcal; en W. E. B. Du Bois; en escritoras latinoamericanas como Clorinda Matto de Turner. Recoge además la propuesta de Danièle Kergoat de pensar las relaciones sociales como consustanciales y coextensivas: no pueden separarse sino para analizarlas, y se producen unas a otras, como cuando el género crea diferencias de clase en el trabajo o la raza organiza jerarquías entre masculinidades. Y advierte contra el riesgo de que la interseccionalidad se convierta en «la repetición despolitizada de un mantra multiculturalista».

La serie vuelve aquí a una pregunta conocida. Si el conflicto es parte permanente de la vida colectiva, quienes están en el cruce de varias dominaciones dependen de que haya marcos capaces de nombrar su situación: Crenshaw muestra qué pasa cuando no los hay, y Viveros, que esos marcos tienen una historia larga y también pueden vaciarse. De ahí sale una respuesta provisional: entender una dominación exige ver cómo se cruza con otras en un caso concreto, no sumar categorías. El propio enfoque tiene críticas, y Viveros recoge dos. Kergoat desconfía de la metáfora de la intersección, porque supone grupos situados en un punto fijo y no deja pensar relaciones de dominación cambiantes. Y los trabajos estadounidenses, señala Viveros, privilegiaron el cruce entre raza y género y dejaron la clase como una mención obligada.

Crenshaw trabaja con casos de Estados Unidos, sobre todo en casas de acogida para mujeres maltratadas y en el derecho; Viveros, con ejemplos latinoamericanos y con su propia investigación. Ninguna ofrece un método para decidir qué cruces importan en cada situación, y Viveros insiste en que el análisis interseccional no puede quedarse en una lista de categorías: sin fuentes del caso concreto, la matriz se vuelve repetición. Queda abierto, también, cómo evitar que las categorías se conviertan en casilleros fijos.

El artículo de Crenshaw se publicó en inglés y circula en español como «Cartografiando los márgenes», en traducción de Raquel (Lucas) Platero y Javier Sáez; fíjate cómo el título ya anuncia sus dos conceptos centrales, márgenes e intersección. El de Viveros, en español, ordena un debate, y lo más valioso está en cómo distingue entre sumar categorías y entenderlas como coproducidas.

Elige un caso de violencia, de precariedad laboral o de participación política y analízalo primero con una sola categoría y luego con dos o tres a la vez. ¿Qué aparece en el segundo análisis que no estaba en el primero? Una matriz con las categorías, el cruce, el efecto y el límite del análisis te ayudará a verlo.

Si vives violencia en casa, o conoces a alguien que la vive, en México puedes pedir orientación gratuita, las 24 horas, en la Línea de las Mujeres (079, opción 1) o en la Red Nacional de Refugios (800 822 4460). En una emergencia, el número es el 911.


Referencias bibliográficas

Crenshaw, K. W. (2012). Cartografiando los márgenes: Interseccionalidad, políticas identitarias y violencia contra las mujeres de color (R. [L.] Platero y J. Sáez, Trads.). En R. (L.) Platero (Ed.), Intersecciones: Cuerpos y sexualidades en la encrucijada (pp. 87–122). Bellaterra. (Obra original publicada en 1991 en Stanford Law Review, 43[6], 1241–1299, https://doi.org/10.2307/1229039).

Viveros Vigoya, M. (2016). La interseccionalidad: Una aproximación situada a la dominación. Debate Feminista, 52, 1–17. https://doi.org/10.1016/j.df.2016.09.005 (acceso abierto).

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