Un club de barrio conserva su nombre, su local y su reglamento, pero cada año va menos gente, y quienes van ya no confían en que el club sirva para algo. ¿Sigue siendo un club? ¿Volverá a llenarse? La analogía es inventada para esta entrada.
Tras una elección en la que los partidos tradicionales pierden, es frecuente decir que volverán. Sánchez-Sibony (2024) sostiene lo contrario: existen razones teóricas y empíricas sólidas para esperar que la desinstitucionalización de los partidos latinoamericanos continúe.
El texto es una nota de investigación publicada en Latin American Politics and Society. Documenta un desarraigo social creciente de los partidos en cuatro manifestaciones. La primera es la confianza: el promedio de las mediciones de 2017, 2018 y 2020 de Latinobarómetro es del 13%, y en 2020 ocho países estaban en el 10% o menos, entre ellos Perú y Chile (7% cada uno). La segunda, los vínculos con organizaciones sociales, que se debilitan. La tercera, el partidismo, cae en varios países entre 2006 y 2018; en México cae casi 30 puntos según los datos del texto. La cuarta, el personalismo electoral: el autor incluye entre quienes compiten con vehículos propios, tras dejar su partido, a figuras de Colombia, Brasil, México y El Salvador.
El antipartidismo también crece. Según Latinobarómetro, en 2020 el 63% de la ciudadanía decía que no estaba dispuesta a votar por ningún partido, y la proporción que cree que no hay democracia sin partidos bajó del 58% en 2013 al 44% en 2023.
Sobre las causas, el autor describe procesos que se refuerzan entre sí: rasgos de origen de los partidos debilitados, un círculo en el que los partidos débiles alimentan el mal desempeño del régimen y retroalimentaciones entre la agencia política y la estructura. Entre los factores menciona el régimen de intereses posneoliberal, la tecnología que ofrece sustitutos de los partidos, la baja capacidad estatal y los incentivos de quienes hacen política. La polarización ideológica facilita la construcción de partidos, pero no basta: la ola de izquierda de 1998 a 2010 no dejó partidos arraigados, con excepciones como el MAS boliviano. La polarización afectiva contribuye poco, aunque el texto señala que aumenta en varios países, entre ellos México.
Es un ensayo que combina datos de opinión pública con casos nacionales. Advierte que los niveles absolutos de confianza dependen de cómo se formula la pregunta de encuesta, y no prueba por sí mismo la causalidad entre las cuatro manifestaciones. El texto señala que los partidos sistémicos mexicanos fueron rechazados en 2018, y queda abierta la pregunta de qué datos permitirían distinguir un desarraigo sostenido de una alternancia ordinaria.
Para leerlo, ayuda empezar por la figura de la confianza en los partidos entre 1995 y 2020, con datos del Latinobarómetro, que ordena el resto del argumento. Después, para un país cualquiera, se puede buscar un dato reciente de cada una de las cuatro manifestaciones y ver cuál falta y cómo se mediría.
Referencias bibliográficas
Sánchez-Sibony, O. (2024). Why Latin American parties are not coming back. Latin American Politics and Society, 66(3), 164–193. https://doi.org/10.1017/lap.2023.40 Acceso abierto: https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/FC516DFBAAB9F80BB3AEC4660982FADD/S1531426X23000407a.pdf/
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