¿Cómo se diseñan los estudios sobre campañas digitales y participación?

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Contar reacciones en publicaciones, preguntar a jóvenes cómo usan sus redes, comparar encuestas hechas en dos países, rastrear etiquetas en Twitter: son cuatro maneras de estudiar qué pasa con las campañas digitales y la participación política, y no llevan a las mismas conclusiones. Ponerlas lado a lado ayuda a ver por qué.

Por eso vale la pena leerlas como diseños de investigación: qué pregunta responde cada una y qué no permite concluir.

Fenoll et al. (2024) analizan 2,930 publicaciones de Facebook de candidaturas y partidos en la primera vuelta presidencial de 2021 y 2022 en Brasil, Colombia, Chile y Perú, con análisis de contenido y regresión binomial negativa multinivel. Estudian las reacciones «Me encanta» y «Me enoja». Los actores más populares reciben más «Me encanta» sin importar el tema, un efecto de sumarse a quien va ganando, y en los países más polarizados hay mayor tendencia a reaccionar de forma negativa ante ciertos temas divisivos.

García Retes et al. (2024) encuestan a jóvenes de Nuevo León durante la elección de 2021. Instagram es la red que más usan en época electoral (48.8%), seguida de Facebook (35.7%); TikTok (3.6%), X (2.6%) y WhatsApp (2.4%) quedan muy atrás. Los jóvenes saben que lo que circula en redes no siempre es cierto, pero no se molestan en confirmarlo en otros medios, y más de 65% las considera un lugar confiable para informarse, según lo que ellos mismos declaran.

Scherman et al. (2022) usan encuestas cara a cara con muestras probabilísticas de más de 1,100 personas en Chile en 2017 y en Colombia en 2018, y analizan asociaciones entre el uso de redes, la polarización percibida y la participación. WhatsApp, una red de lazos fuertes, se relaciona con la polarización percibida y con la participación no convencional, y la ideología modifica esa relación. Facebook no parece contribuir a la polarización percibida ni a la movilización, y Twitter se relaciona poco con ambas, salvo en Chile, donde se asocia con una polarización percibida menor. Los autores plantean que su enfoque no es tecnodeterminista.

López-Robles (2023) estudia con análisis de redes tres conversaciones de Twitter ocurridas en México entre 2020 y 2022: #FRENA, #PresidenteRompaElPacto y #RevocacionDeMandato. Reúne 308,359 tuits obtenidos por la API de la plataforma. Encuentra que la red de #FRENA estuvo muy polarizada, que la de #PresidenteRompaElPacto mostró poca homofilia ideológica y que la de #RevocacionDeMandato combinó ambos patrones. Concluye que la polarización en línea depende del grado de partidización de los temas debatidos y menos del efecto de cámara de eco, y que se concentra en grupos que no representan a todos los usuarios. El propio autor advierte que los datos no son representativos de la sociedad mexicana, que no se pueden generalizar a otras plataformas ni países, y que no incluyen las características de quienes participan.

Los cuatro diseños no son comparables entre sí, porque cambian el país, la plataforma, la unidad de análisis y la medida. Ninguna lectura demuestra que una red cause por sí sola la polarización. Fenoll et al. analizan reacciones y no la opinión de quien reacciona, García Retes et al. dependen de lo que declaran las personas encuestadas, Scherman et al. observan asociaciones en dos elecciones y López-Robles se refiere a tres eventos en una sola red. Falta saber qué diseño permitiría observar en México la relación entre uso de redes y participación en una elección federal, y con qué datos.

Leídas juntas, las cuatro sugieren que las redes no polarizan por sí solas: lo que se observa depende de la plataforma, del tipo de vínculo que la organiza y de qué tan partidizado esté el tema. Eso va contra una idea muy extendida, la de las cámaras de eco, según la cual en las redes cada quien escucha solo a los suyos. López-Robles encuentra que pesa más la partidización de los temas, y Scherman et al. se cuidan de no caer en el tecnodeterminismo.

Haz la prueba con cualquiera de los cuatro: identifica su pregunta, su unidad de análisis y cómo mide lo que quiere explicar. Después escribe una conclusión que su diseño no permitiría sacar. Es un buen modo de ver qué puede decir cada estudio y qué no.


Referencias bibliográficas

Fenoll, V., Gonçalves, I., y Bene, M. (2024). Divisive issues, polarization, and users’ reactions on Facebook: Comparing campaigning in Latin America. Politics and Governance, 12, artículo 7957. https://doi.org/10.17645/pag.7957 Acceso abierto: https://www.cogitatiopress.com/politicsandgovernance/article/download/7957/3771

García Retes, C., Hernández-Muñoz, G., y Gutiérrez Leyton, A. (2024). Redes sociales y comportamiento electoral de los jóvenes: Nuevo León 2021. Global Media Journal México, 21(40), 36–57. https://doi.org/10.29105/gmjmx21.40-522 Acceso abierto: https://gmjmexico.uanl.mx/index.php/GMJ_EI/article/download/522/523

López-Robles, A. (2023). Polarización, heterogeneidad política y redes sociales en México: Un análisis comparativo de #PresidenteRompaElPacto, #FRENA y #RevocacionDeMandato en Twitter. Revista de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación, 10(19), 257–284. https://doi.org/10.24137/raeic.10.19.12 Acceso abierto: http://www.revistaeic.eu/index.php/raeic/article/download/455/983

Scherman, A., Etchegaray, N., Browne, M., Mazorra, D., y Rojas, H. (2022). WhatsApp, polarization, and non-conventional political participation: Chile and Colombia before the social outbursts of 2019. Media and Communication, 10(4), 77–93. https://doi.org/10.17645/mac.v10i4.5817 Acceso abierto: https://www.cogitatiopress.com/mediaandcommunication/article/download/5817/5817

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