En una papelería de barrio, la dueña aplaza el pedido de mercancía para el regreso a clases. Las ventas no han caído; lo que no sabe es si en dos meses cambiarán los aranceles, el tipo de cambio o las reglas del crédito. Cuando una encuestadora le pregunta si aprueba el trabajo de quien ocupa la presidencia, duda: nada ha salido mal todavía, pero nada parece firme. La escena es imaginaria, pero sirve para separar dos cosas que suelen ir juntas: que a la economía le vaya mal y que nadie sepa qué va a pasar con ella.
¿La incertidumbre, por sí misma, le resta aprobación presidencial a quien gobierna, aunque la economía no vaya mal? Gómez-Méndez y Hansen (2021) parten de que hay muchas pruebas sobre el efecto de la inflación o del crecimiento en la popularidad de los gobiernos, con resultados mixtos, y muy pocas sobre la incertidumbre de política económica. Su argumento es sencillo: si la incertidumbre hace que los hogares consuman menos y las empresas inviertan y contraten menos, también puede cambiar el juicio sobre quien gobierna. Estudian cuatro países: Brasil, Chile, Colombia y México.
Medir la incertidumbre es la primera dificultad. El estudio usa el índice de incertidumbre de política económica (EPU, por sus siglas en inglés) de Baker, Bloom y Davis, que cuenta notas de prensa en las que aparecen a la vez palabras sobre incertidumbre, sobre economía y sobre política o gobierno. Es, por tanto, una medida de cuánto se habla de un futuro económico incierto ligado a decisiones públicas, no de cuánto lo siente cada persona. La aprobación viene de la Executive Approval Database 1.0, que combina encuestas distintas en una sola serie suavizada. Hay datos del índice para Brasil desde 1991, Chile desde 1993, México desde 1996 y Colombia desde 2000.
Antes de cualquier modelo, los datos ya dicen algo. La aprobación promedio va de 46.7 % en Chile a 56.3 % en México. La correlación simultánea entre incertidumbre y aprobación es negativa en Brasil (−0.15), Chile (−0.40) y Colombia (−0.36), pero positiva en México (0.21). Los autores advierten que el patrón no es igual en todos los casos: en Brasil y en México la relación negativa se ve más en la segunda parte del periodo.
El primer análisis toma un modelo previo de Carlin y Hellwig (2019) sobre economía y aprobación en América Latina y le agrega el índice, con datos trimestrales (248 observaciones). El coeficiente de la incertidumbre es negativo y estadísticamente significativo, al 90 %, en cinco de seis especificaciones, aun controlando inflación, crecimiento, luna de miel, escándalos, tipo de régimen de política económica y diferencias fijas entre países. Para dar una magnitud, los autores calculan que un aumento de 70 puntos en el índice, cerca de una desviación estándar en Brasil y México, se asocia con unos 12 puntos porcentuales menos de aprobación: alrededor de 24 % respecto de una aprobación media de 50 %.
El segundo análisis es un modelo de vectores autorregresivos en panel, que trata todas las variables como mutuamente dependientes y sigue mes a mes lo que ocurre después de un choque de incertidumbre. La aprobación baja de forma significativa durante unos nueve meses, con el mayor efecto hacia el quinto mes; si el índice se coloca como la variable más dependiente de las demás, el efecto dura unos cinco. Tras el choque sube la inflación; la producción industrial baja, pero sin significancia estadística. El resumen del artículo expresa el resultado como una caída de aproximadamente 12 % por una desviación estándar. En la figura, sin embargo, el punto más bajo ronda −1.5, y el texto no explica cómo se pasa de esa cifra al 12 %: es un dato que vale la pena revisar en la fuente antes de repetirlo.
Para interpretar los resultados, los autores recurren al modelo de Alesina, Londregan y Rosenthal (1993): la incertidumbre equivale a una inflación que nadie esperaba, y al verla, quienes votan rebajan su estimación de la competencia de quien gobierna. Que la inflación suba después del choque es coherente con esa lectura.
Lo que el estudio permite decir es que, en estos cuatro países, más incertidumbre se asocia con menos aprobación presidencial, y que ese efecto no se reduce al de la inflación o el crecimiento: parece tener un canal propio. Es, en cambio, un efecto temporal, y su tamaño depende del modelo con que se mida.
El artículo no ignora otras miradas. La evidencia sobre economía y popularidad es mixta, y los pocos estudios previos medían la incertidumbre con la volatilidad de la bolsa o del crecimiento, no con la prensa. Duch y Stevenson sostienen que la ciudadanía juzga la competencia de un gobierno comparando la economía del país con la mundial; Carlin y Hellwig, que se atribuye más control al gobierno en regímenes estatistas que en los neoliberales. Si la incertidumbre llega de fuera, como podrían sugerir las correlaciones del índice entre los cuatro países, no es obvio que se le cobre a la presidencia.
Los autores reconocen varios límites. El índice no permite distinguir si las noticias tratan de fuentes de incertidumbre internas o externas. El segundo modelo supone que la incertidumbre es la variable menos influida por las otras, y ellos mismos admiten que ese supuesto puede ser incorrecto, porque el índice registra políticas que pueden ser respuestas del gobierno a la propia economía; por eso prueban también el orden inverso. Solo cuatro países tienen datos comparables. Y el canal de la competencia queda como pregunta para investigación futura. Hay, además, un detalle que no comentan: la prueba de robustez con los rendimientos de la bolsa se menciona, pero sus resultados no se publican.
El artículo está en inglés y es de acceso abierto; la Figura 1 muestra las dos series por país y la Tabla 3, los coeficientes. Para probar la idea, elige un mes, cuenta en dos periódicos las notas que hablan a la vez de incertidumbre, economía y gobierno, y compáralas con la aprobación presidencial de ese mes y de los cinco siguientes. ¿Qué mides con ese conteo: lo que siente la gente o lo que dicen los medios?
Referencias bibliográficas
Gómez-Méndez, M., y Hansen, E. (2021). Economic policy uncertainty and presidential approval: Evidence from Latin America. PLOS ONE, 16(3), e0248432. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0248432 Acceso abierto: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0248432

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