Una escalera sin rampa. Nadie le prohíbe la entrada a nadie, y sin embargo no todas las personas pueden subir. ¿Quién excluyó?
La neutralidad de la técnica es la idea que estas lecturas ponen en duda: la de que los artefactos no ordenan relaciones de poder. Suele decirse que una tecnología vale por el uso que se le da: el mismo martillo sirve tanto para construir como para golpear. Winner y Feenberg discuten esa idea: el diseño de los objetos también distribuye poder.
Winner (1980) cuestiona que solo las personas tengan política y las cosas no. Sostiene que ciertos artefactos y sistemas encarnan relaciones de poder y autoridad. Distingue dos formas. En la primera, una tecnología con varias configuraciones posibles se diseña de modo que resuelve un conflicto o excluye a ciertos sectores. Como ejemplos, da los pasos elevados y bajos de los puentes de Long Island, que, según su lectura, limitaban el acceso de los autobuses; las máquinas moldeadoras de McCormick, introducidas, según él, para debilitar a un sindicato; y la cosechadora mecánica de tomates, que contribuyó a concentrar la producción. En la segunda forma, hay tecnologías inherentemente políticas: sistemas que, por sus propiedades, exigen cierto tipo de organización social. Compara la energía nuclear, que requiere una cadena de mando centralizada y cerrada, con la energía solar, más compatible con estructuras descentralizadas. Winner compara también la decisión inicial sobre un sistema técnico con dictar una ley: una vez construido, el diseño restringe las posibilidades de convivencia. El ejemplo de los puentes fue cuestionado después: Joerges (1999) lo considera contrafáctico y Woolgar y Cooper (1999) discuten qué se puede concluir de él. El argumento de Winner descansa sobre todo en la distinción entre las dos formas, y los casos deben tomarse como ilustraciones sujetas a lo que indiquen sus fuentes históricas.
Feenberg (1999) se distancia tanto de la idea de que la técnica es neutral como del determinismo, según el cual la técnica es una fuerza autónoma e imparable. Sostiene que la tecnología es un espacio de disputa inacabado: la racionalidad de eficiencia que guía muchos diseños expresa intereses sociales y no leyes universales. Como el desarrollo técnico es flexible, puede democratizarse: el rediseño de infraestructuras, software y espacios de trabajo permitiría ampliar la participación de quienes los utilizan.
Winner muestra cómo un diseño puede incorporar poder, y Feenberg por qué ese diseño puede disputarse y cambiarse. Juntos permiten preguntar de un objeto quién lo diseñó, para quién, a quién deja fuera y qué alternativas existían. Es una lectura conjunta propia de esta entrada, igual que la idea siguiente: si el desacuerdo es permanente en la vida colectiva, los objetos compartidos son uno de los lugares donde queda guardado un acuerdo parcial, y cada diseño responde a un conflicto que no ha desaparecido. Hay posturas para las que la técnica es un instrumento cuyo valor depende del uso, y que ven en el diseño un efecto de requisitos de eficiencia o seguridad. La discusión sigue abierta.
Winner y Feenberg escriben desde Estados Unidos y a partir de ejemplos industriales y tecnológicos del siglo XX. No analizan dispositivos digitales actuales. Atribuir una intención política a un diseño exige fuentes que indiquen quién lo decidió y con qué fines.
Winner es un artículo breve en inglés. Los casos son lo que más se recuerda, pero la distinción entre las dos formas es lo que permite aplicarlo a otros objetos. Feenberg, también en inglés, se aclara al contrastarlo con las dos posturas que rechaza: la neutralidad de la técnica y su determinismo.
¿Qué poder incorpora un objeto técnico cotidiano, como un torniquete, una cámara, una plataforma o una base de datos? Una ficha con su función, su diseño, quiénes lo usan, quiénes quedan fuera y qué poder incorpora permite probar a ambos autores.
Referencias bibliográficas
Feenberg, A. (1999). Questioning technology. Routledge. https://www.routledge.com/Questioning-Technology/Feenberg/p/book/9780415197557 (libro sin acceso abierto; el prefacio está disponible en https://sfu.ca/~andrewf/pub_Questioning_Technology.html)
Joerges, B. (1999). Do politics have artefacts? Social Studies of Science, 29(3), 411–431. https://www.ssoar.info/ssoar/handle/document/33570 Acceso abierto: https://nbn-resolving.org/urn:nbn:de:0168-ssoar-335706
Winner, L. (1980). Do artifacts have politics? Daedalus, 109(1), 121–136. https://www.jstor.org/stable/20024652
Woolgar, S., y Cooper, G. (1999). Do artefacts have ambivalence? Moses’ bridges, Winner’s bridges and other urban legends in S&TS. Social Studies of Science, 29(3), 433–449. No consultado para esta entrada; se cita por su papel en este debate.

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