¿Qué es un sistema de partidos institucionalizado y qué cambia para quien vota?

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Alguien que cumplió dieciocho años hace poco votará por primera vez en 2027. En la boleta encontrará ocho partidos. Algunos existen desde antes de que naciera su madre. Dos son nuevos y uno de ellos es la tercera versión de un partido que ya había perdido el registro en dos ocasiones. ¿Qué le dice cada nombre? De unos sabe qué esperar, de otros casi nada, y de uno no sabe si es nuevo o viejo. La persona es inventada para esta entrada; la boleta, no.

Scott Mainwaring llama institucionalización del sistema de partidos a la estabilidad de las reglas y de los actores de la competencia, y de ella depende algo que parece del todo individual: el voto. Votar descansa en que los partidos de hoy sigan existiendo mañana y en que sus nombres conserven un significado. ¿Qué es, entonces, un sistema institucionalizado, y qué cambia para quien vota?

Un sistema de partidos es el conjunto de pautas de competencia y cooperación entre los partidos a lo largo del tiempo: quién compite con quién, quién se alía con quién y quién sobrevive. Scott Mainwaring (2016) llama institucionalizado al sistema en el que un conjunto estable de partidos interactúa de manera regular, de modo que los actores esperan que los contornos de la competencia se mantengan en el futuro. Su texto es un ensayo de reseña que analiza cinco libros recientes sobre partidos, sus colapsos y su construcción en Asia, África y América Latina. De esa discusión surgen varias ideas que ayudan a responder.

La primera responde directamente a la pregunta. Según los estudios que reseña, un sistema institucionalizado limita el acceso de figuras externas al Poder Ejecutivo, hace más inteligible la competencia para el electorado y da más estabilidad a las políticas públicas: las etiquetas dicen algo y lo siguen diciendo de una elección a otra.

La segunda es una advertencia: en las regiones que cubren los libros, eso es la excepción. En América Latina, desde los años ochenta, hubo más movimiento hacia la desinstitucionalización y el colapso que hacia la consolidación. Que la democracia dure no basta para que los partidos se asienten, porque el mal desempeño y la corrupción pueden alejar a la gente de los partidos en lugar de acercarla. Para quienes compiten por cargos ejecutivos, la televisión puede funcionar como sustituto de los partidos.

La tercera explica cómo se pierde lo ganado. En América Latina, las diferencias programáticas fortalecen las marcas partidarias; cuando la marca se diluye y, además, el gobierno rinde mal, un partido puede colapsar. La cuarta, cómo se construye: según uno de los libros reseñados, los conflictos extraordinarios, como revoluciones, guerras civiles o represión autoritaria, favorecen el surgimiento de partidos duraderos.

México ofrece en estas semanas un caso para pensarlo. En junio de 2026 el INE aprobó el registro de dos partidos nuevos, con lo que el país pasa de seis a ocho partidos nacionales rumbo a 2027. Uno, PAZ, reúne a dirigentes del antiguo Partido Encuentro Social; el otro, Somos México, a figuras que buscan una alternativa a los partidos opositores tradicionales. Mientras tanto, el 10 de octubre de 2026, el Consejo Nacional del partido gobernante aprobó su política de alianzas con los dos partidos con los que ya había competido.

¿Es un sistema institucionalizado? Algunas señales apuntan en esa dirección: partidos que sobreviven y alianzas que se repiten. Otras, en la contraria: nombres que reaparecen con otra forma y oposiciones que buscan nuevas siglas para escapar de las viejas. Decidirlo exige datos sobre varias elecciones, no la foto de un año.

De ahí se puede inferir una respuesta: en un sistema institucionalizado, las etiquetas ahorran trabajo y permiten pedir cuentas a organizaciones que seguirán ahí en la siguiente elección; cuando el sistema se desinstitucionaliza, quien vota decide con menos información y frente a figuras que pueden desaparecer después de ganar. La inferencia no es de Mainwaring, que habla de la inteligibilidad de la competencia y no de cómo decide cada persona, ni presenta datos propios sobre votantes.

El propio ensayo discute otras posturas. Hay quien sostiene que la democracia podría funcionar sin partidos fuertes: uno de los libros reseñados describe Perú como una democracia sin partidos, una idea que Mainwaring considera exagerada pero no infundada. La relación con la polarización también está en discusión: los libros sobre América Latina sostienen que las diferencias programáticas marcadas ayudan a institucionalizar, contra la vieja advertencia de Sartori sobre los peligros de la polarización, y Mainwaring matiza que eso solo es bueno para la democracia si los partidos mantienen su compromiso con ella. Y una etiqueta estable informa, pero no garantiza que represente: un sistema puede ser muy predecible y estar cerrado a lo que la gente necesita.

Mainwaring no oculta los límites de su texto. Es una reseña de libros, sin datos propios, y señala problemas en los libros que comenta: el argumento sobre el colapso de partidos explica bien algunos casos, pero no la mayoría de las rupturas en la región; la clasificación de los sistemas de partidos en otro de los libros le parece problemática; y no está claro qué miden las preguntas de identificación partidista en algunos países. En una encuesta de panel en Brasil en 2010, de 275 personas que declararon un partido en la primera ronda, solo 135 declararon el mismo en la segunda. Tampoco hay en el texto un único indicador de institucionalización.

Ponla a prueba tú: elige un país latinoamericano y dos elecciones separadas por veinte años, y anota qué partidos competían en cada una. ¿Alguien que votó en la primera reconocería las opciones de la segunda? ¿Y qué datos te faltarían para saber si ese cambio ayudó o perjudicó a quien vota?

Hace más de un siglo, un novelista imaginó el reverso del problema. En Cánovas, el último de sus Episodios nacionales, publicado en 1912, Benito Pérez Galdós retrata los años en que dos partidos se turnaban el gobierno de España por acuerdo. Era un sistema muy estable: las mismas dos etiquetas, la misma alternancia, ninguna sorpresa. Leída desde esta entrada, la novela deja una pregunta incómoda: ¿puede un sistema de partidos ser demasiado institucionalizado?


Referencias bibliográficas

Mainwaring, S. (2016). Party system institutionalization, party collapse and party building. Government and Opposition, 51(4), 691–716. https://doi.org/10.1017/gov.2016.21 Disponible en: https://www.cambridge.org/core/journals/government-and-opposition/article/party-system-institutionalization-party-collapse-and-party-building/F7D8BAE8DDA0CB07A525451A76D44B4C

N+. (2026, 25 de junio). ¿Cómo se llaman los nuevos partidos políticos de México? https://www.nmas.com.mx/politica/como-se-llaman-los-nuevos-partidos-politicos-de-mexico/

Pérez Galdós, B. (2003). Cánovas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (Obra original publicada en 1912). https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/canovas–0/html/

Publimetro. (2026, 12 de octubre). Morena confirma alianza con PT y Verde para elecciones de 2027 en Puebla. https://www.publimetro.com.mx/puebla/2026/10/12/morena-confirma-alianza-con-pt-y-verde-para-elecciones-de-2027-en-puebla/

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