¿Cómo se convierte una sospecha sobre el voto en una pregunta que los datos puedan responder?

Abstract isometric network of roads, towers, buildings, and geometric data structures

Al día siguiente de una elección, en un grupo de mensajes, alguien escribe que el partido en el gobierno perdió por la inflación. Otra persona responde que no, que perdió porque su candidato no convencía. Una tercera dice que en su municipio el gobierno ganó de todos modos, así que la economía no importó. Las tres hablan con seguridad y ninguna dice cómo lo sabe. La escena es imaginaria, pero suena conocida: cada mensaje contiene una sospecha razonable, y ninguno es todavía una pregunta que se pueda contestar.

¿Cómo se pasa de una sospecha sobre el voto a una pregunta que los datos puedan responder? Es el primer paso de un diseño de investigación electoral, y para recorrerlo no hay una sola lectura: se vuelve sobre seis estudios ya comentados en la serie para ver qué decisiones tomó cada uno antes de llegar a un resultado. Leídos juntos, muestran que esas decisiones cambian lo que se puede concluir.

La primera decisión es qué se quiere explicar. Maloy (2014) insiste en que la conclusión sobre si las elecciones castigan depende de cómo se mida el castigo: la aprobación presidencial o el porcentaje de votos pueden moverse sin que haya una sanción real, y por eso prefiere la reelección o la pérdida del cargo. Gómez-Méndez y Hansen (2021) explican la aprobación presidencial; Moreira (2025), la proporción de votos para el partido en el gobierno, para la oposición y la abstención. Son tres variables distintas, y una misma sospecha (que la economía castiga a quien gobierna) puede confirmarse con una y no con otra.

La segunda es cómo se mide lo que se supone que explica. La incertidumbre, en Gómez-Méndez y Hansen, es un conteo de notas de prensa. La polarización, en Moreira, es primero la distancia entre legisladores de los dos partidos y luego la distancia que cada persona encuestada percibe entre ellos. La ideología, en León Ganatios y García González (2024), es la ubicación que la gente se da en una escala de 1 a 10. Cada medida captura una parte del concepto y deja fuera otra: lo que dicen los medios no es lo que sienten los hogares, y lo que hacen los legisladores no es lo que percibe el electorado.

La tercera es la unidad que se observa. Gélineau y sus colegas (2025) combinan respuestas individuales de una encuesta con datos fiscales de cada estado. Gómez-Méndez y Hansen observan países mes a mes. Moreira trabaja con condados y, después, con personas encuestadas. Luque Rojas y Cortez Parra (2025) comparan resultados agregados de boletas distintas en cada estado. Con datos agregados se puede saber cuántos votos cambiaron entre una boleta y otra, pero no quién los cambió ni por qué; los propios autores dicen que sus explicaciones sobre los motivos son una creencia, no un resultado.

La cuarta es qué otras cosas podrían producir el mismo resultado. Gómez-Méndez y Hansen controlan inflación, crecimiento, luna de miel y escándalos para mostrar que la incertidumbre tiene un efecto propio. Moreira atiende el hecho de que la polarización sube con el tiempo junto con muchas otras cosas y usa el resultado de la elección anterior y una tendencia temporal. Gélineau y sus colegas encuentran que, al quitar la aprobación presidencial del modelo, la asociación entre la economía y el apoyo a los gobernadores se atenúa: una variable de control puede cambiar el sentido de lo que se ve.

La quinta es qué resultado contradiría la sospecha. Gélineau y sus colegas plantean tres hipótesis y reportan que dos no se sostienen. Moreira prueba dos hipótesis opuestas sobre la abstención y descarta una. Escribir de antemano qué se esperaría ver si la idea fuera falsa es lo que separa una pregunta de investigación de una opinión bien argumentada.

Puesto en limpio, lo que enseñan los seis estudios es que una sospecha se vuelve pregunta cuando se decide qué se explica y con qué medida, qué lo explicaría y cómo se mide, en qué unidad se observa, qué otras causas hay que descartar y qué resultado la contradiría. Ninguna de esas decisiones es neutral, y cada una deja algo fuera.

Quienes trabajan con análisis de casos podrían encontrar esta secuencia demasiado rígida: hay preguntas sobre el voto que se responden mejor siguiendo de cerca una campaña o un territorio que con un modelo estadístico. Los estudios revisados no zanjan esa discusión. Tampoco pretenden ser experimentos: Moreira lo dice expresamente de su trabajo, y Gómez-Méndez y Hansen reconocen que el orden que suponen entre sus variables puede ser incorrecto.

Como todo repaso, este tiene límites. Toma de cada estudio solo las decisiones de diseño y deja fuera los resultados que ya se discuten en sus propias entradas. Y los seis trabajos son observacionales, con datos de encuestas, de resultados o de prensa; no hay aquí ejemplos de experimentos ni de trabajo de campo, que responden de otra manera las mismas preguntas.

Para probar la idea, toma una de las tres frases de la escena y escribe, en cinco líneas, las cinco decisiones: qué se explica, qué lo explicaría, en qué unidad, qué más podría producirlo y qué dato la desmentiría. Luego intercambia tu texto con otra persona y pídele que busque el punto más débil. ¿Cuál de las cinco decisiones te costó más?


Referencias bibliográficas

Gélineau, F., Turgeon, M., Dufresne, Y., y Déry, A. (2025). Electoral accountability in a multilevel governance context: Economic voting and gubernatorial support in Latin America. Journal of Politics in Latin America, 17(1), 29–52. https://doi.org/10.1177/1866802X241277216 Acceso abierto: https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1866802X241277216

Gómez-Méndez, M., y Hansen, E. (2021). Economic policy uncertainty and presidential approval: Evidence from Latin America. PLOS ONE, 16(3), e0248432. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0248432 Acceso abierto: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0248432

León Ganatios, L. E., y García González, L. Á. (2024). Evolución del posicionamiento ideológico del votante mexicano entre las elecciones de 2018 y 2021. Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad, 31(90), 121–141. https://doi.org/10.32870/eees.v31i90.7374 Acceso abierto: https://scielo.org.mx/pdf/espiral/v31n90/1665-0565-espiral-31-90-121.pdf

Luque Rojas, J. M., y Cortez Parra, Y. D. (2025). Incidencia y determinancia del voto cruzado en las elecciones federales mexicanas 1994–2024. Revista Debates, 18(3), 34–55. https://doi.org/10.22456/1982-5269.143304 Acceso abierto: https://seer.ufrgs.br/index.php/debates/article/view/143304

Maloy, J. S. (2014). Linkages of electoral accountability: Empirical results and methodological lessons. Politics and Governance, 2(2), 13–27. https://doi.org/10.17645/pag.v2i2.24 Acceso abierto: https://cogitatiopress.com/politicsandgovernance/article/download/24/50

Moreira, T. M. Q. (2025). Is it still the economy? Economic voting in polarized politics. British Journal of Political Science, 55, e45, 1–24. https://doi.org/10.1017/S0007123424000619 Acceso abierto: https://www.cambridge.org/core/journals/british-journal-of-political-science/article/is-it-still-the-economy-economic-voting-in-polarized-politics/AE19D6CFDF3D41C605204989B9B90D5C

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