¿Qué formas de violencia oculta la idea clásica de soberanía?

Abstract collage of paper files, tangled wires, and justice scales

Fíjate en cómo un periódico cuenta sus pérdidas: algunas ocupan una página con nombre, fotografía y relato; otras caben en una línea y una cifra. ¿Quién decide, y con qué criterios, cuáles se cuentan con nombre? Achille Mbembe llama necropolítica a una soberanía que se expresa en decidir quién puede vivir y quién debe morir, y Judith Butler se pregunta qué vidas merecen duelo.

La definición de Weber, vista en la entrada sobre soberanía, pone el acento en el monopolio de la violencia legítima. Mbembe y Butler preguntan a quién se dirige esa violencia y cómo se distribuye la exposición a ella.

Mbembe (2011) propone en Necropolítica que la expresión última de la soberanía reside en el poder y la capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir. Retoma el concepto foucaultiano de biopoder, que describe cómo la modernidad gestiona la vida de las poblaciones, y sostiene que no basta para explicar formas contemporáneas de sumisión extrema. Llama necropolítica a la organización del poder que somete la vida al poder de la muerte. Su análisis tiene tres elementos: el racismo como condición que regula quién puede ser matado, el estado de excepción como base normativa del derecho a matar, que estudia en la plantación esclavista y en la ocupación colonial, y los «mundos de muerte», formas de existencia en las que poblaciones enteras quedan en la condición de «muertos vivientes».

Butler (2010) parte de otro lugar: ningún cuerpo se sostiene solo. Distingue entre precariedad y precaridad. La precariedad es la condición de vulnerabilidad que comparten todos los cuerpos, que dependen de otras personas y de condiciones materiales para persistir. La precaridad es la condición políticamente inducida en la que ciertas poblaciones carecen de redes de apoyo sociales y económicas y están más expuestas al daño, la violencia y la muerte. Añade que existen marcos de reconocibilidad: operaciones de poder que determinan qué vidas se reconocen como vidas y cuáles merecen duelo, es decir, cuáles son «llorables». Esos marcos circulan para establecer su hegemonía, y el racismo opera también en el nivel de la percepción.

Ambos sostienen que la idea clásica de soberanía deja fuera la distribución desigual de la exposición a la muerte. Difieren en el punto de partida. Mbembe describe regímenes que producen muerte y los analiza en la colonia, la ocupación y las formas contemporáneas de guerra. Butler parte de la vulnerabilidad compartida y de la interdependencia como base para repensar la política. En ese sentido, ninguno de los dos pensaría la política desde individuos aislados. Otros enfoques miran el problema desde otro lado: explican la violencia por las capacidades y las fallas del Estado, no por una soberanía que decide sobre la vida.

Mbembe piensa desde la colonia y la ocupación; Butler, desde la guerra posterior al 11 de septiembre de 2001. Ninguno ofrece indicadores ni datos de un país. Para analizar con estas categorías un caso de violencia estatal, fronteriza, policial, militar o criminal hacen falta fuentes sobre ese caso, y hay que citarlas sin atribuir a los autores mediciones que no hacen.

Mbembe escribe un ensayo, y su vocabulario se aclara cuando lo comparas con el biopoder, como él mismo propone. En Butler, precariedad y precaridad difieren en una letra, y esa diferencia sostiene buena parte del argumento: no la pierdas de vista.

Llevar estas categorías a datos exige traducirlas, y la traducción que sigue no es un método de los autores, sino una propuesta para trabajar con ellos. Del lado de Mbembe, la pregunta empírica sería la exposición diferencial: qué grupos o territorios tienen más probabilidad de morir por violencia o por falta de servicios, medida con registros de mortalidad, de atención de salud o de presencia de fuerzas de seguridad, y cómo cambia esa probabilidad en el tiempo. Del lado de Butler, serían las respuestas institucionales asimétricas: qué muertes activan una investigación, recursos o un reconocimiento oficial, y cuáles se registran solo como cifra, comparando casos semejantes en una misma fuente. Cada indicador tiene riesgos, como el subregistro, las definiciones cambiantes y la dificultad de separar la decisión deliberada de la omisión. Concluir que alguien decidió exige fuentes que muestren quién lo hizo.

Para llevarlas a un caso, prueba con cuatro preguntas. ¿Quién decide? ¿Quién está más expuesto y qué apoyos le faltan? ¿Qué argumentos o clasificaciones justifican el daño? ¿Qué pérdidas se reconocen públicamente y cuáles no? Ninguno de los dos textos te da las fuentes del caso; anotar de dónde saldría cada respuesta es parte del ejercicio.


Referencias bibliográficas

Butler, J. (2010). Marcos de guerra: Las vidas lloradas. Paidós.

Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Melusina.

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