Quienes seguimos de cerca los reacomodos de los sistemas de partidos en América Latina, advertimos sin mayor esfuerzo un sismo ideológico profundo. Atrás quedó la época en que las formaciones de derecha, herederas de las transiciones democráticas de fin de siglo, justificaban su legitimidad apelando casi exclusivamente a la eficiencia tecnocrática y a la estabilidad macroeconómica. Ese modelo se agotó. Hoy vemos emerger a una derecha radical que ha decidido abandonar la moderación institucional para disputar, a pecho descubierto, el sentido común de la época.
En este escenario, La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha (Laje, 2022) no irrumpe como un mero diagnóstico académico, sino como un auténtico manual de trinchera. El planteamiento central de Agustín Laje rompe con la tradición institucionalista al asumir que el poder político es, en realidad, un subproducto del poder cultural. Para sostener esta premisa, el autor realiza un movimiento táctico audaz: se apropia del concepto de hegemoníade Antonio Gramsci y exhorta a sus bases a dejar de idolatrar los indicadores de déficit fiscal para enfocarse en la toma de las universidades, los medios de comunicación y el lenguaje.
Sin embargo, sabemos bien que la articulación de un frente reactivo exige, invariablemente, la construcción de un antagonista a modo. Laje lo edifica bajo el paraguas conceptual del «marxismo cultural». Al interior de este cajón de sastre aglutina al feminismo, al ecologismo y a las disidencias sexuales, reduciendo la evidente complejidad de los movimientos sociales contemporáneos a una conspiración «globalista».
Y aquí asoma nuestra primera gran reserva crítica. Los partidos políticos y los regímenes democráticos existen, entre otras cosas, para procesar la complejidad de la información y hacer inteligible la pluralidad ciudadana. Al subsumir demandas tan diversas en un único enemigo caricaturizado, Laje clausura el debate. Sustituye la deliberación democrática por una sofisticada tecnología de la indignación.
Es más, resulta ingenuo analizar este fenómeno ignorando su infraestructura material. Mientras los sectores progresistas se estancaron en una concepción idealista de la red —creyendo, desde las campañas de Barack Obama, que internet era una herramienta inherentemente democratizadora—, la nueva derecha entendió la lógica del capital algorítmico. Descubrieron que plataformas como Twitter o Facebook no son ágoras públicas, sino maquinarias corporativas que premian la polarización, exacerban las fake news y monetizan la rabia.
La «batalla cultural» que plantea Laje es, en el fondo, la adaptación del conservadurismo a esta economía de la atención. Cumple una función de enmascaramiento vital: hacen un ruido ensordecedor en la cultura para que la ciudadanía pelee por identidades, garantizando así que nadie —o casi nadie— cuestione la supervivencia y profundización del capitalismo como única forma de organización material posible.
Ficha bibliográfica de la obra reseñada:
Laje, Agustín (2022). La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha. 1ra ed. HarperCollins, 512 pp.

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