Una ciudad quita los semáforos de un cruce muy transitado y deja que cada conductor decida cuándo pasar. ¿Hay más libertad o menos? Quien maneja dirá que más. Quien cruza a pie con un niño de la mano quizá diga que menos. Las dos respuestas usan la misma palabra y tienen razones comprensibles. La escena es inventada y no sale de las lecturas.
Convivir exige palabras comunes para ponerse de acuerdo, y justamente las palabras más compartidas (libertad, justicia, poder, democracia) son las que más se disputan. Podría pensarse que el problema es de precisión y que un buen diccionario lo resolvería. Dos autores sostienen que el desacuerdo viene con las palabras mismas.
Gallie (1956) propone la categoría de conceptos esencialmente disputados (essentially contested concepts): aquellos cuyo uso correcto es en sí mismo motivo de disputa. Los desacuerdos sobre ellos no vienen de confusiones lógicas, sino de que nombran algo que se valora. Entre las condiciones que enumera están que el concepto designe un logro valorado, que ese logro tenga una estructura interna compleja y que sus partes puedan ordenarse y ponderarse de maneras distintas. Agrega que el concepto admite cambios ante circunstancias imprevisibles, que quien lo usa sabe que otras personas lo entienden de otro modo (por eso su uso es a la vez agresivo y defensivo), que quienes disputan reconocen un ejemplar original común y que la disputa continua ayuda a sostener y desarrollar el valor de ese ejemplar.
En el cruce sin semáforos, la libertad tiene al menos dos partes (moverse sin interferencia, poder cruzar sin riesgo) y cada persona les da un peso distinto. Es una ilustración de esta entrada, no un ejemplo de Gallie.
Connolly (1993) toma el argumento y lo lleva a la ciencia política empírica. Sostiene que el lenguaje de la política es una estructura de significados que canaliza el pensamiento y la acción en ciertas direcciones. Por eso critica los intentos de «operacionalizar» términos como poder, libertad o intereses, es decir, convertirlos en una medida quitándoles su dimensión valorativa: así se distorsiona su uso ordinario y se pierde capacidad explicativa. Su imagen, en traducción libre, es la de un sándwich de pollo sin el pollo. Adoptar sin revisión los conceptos que prevalecen en una comunidad política implica aceptar términos de discurso que favorecen las prácticas establecidas. Y atribuir poder a un actor equivale a imputarle una responsabilidad moral, lo que invita al escrutinio público.
Gallie presenta la disputa como una competencia que mantiene vivo el valor del ejemplar original. Connolly subraya que la definición que se adopta favorece ciertas prácticas y deja otras afuera. Para el primero la disputa sostiene el concepto, y para el segundo, además, tiene consecuencias políticas que el análisis debe hacer explícitas.
Si el desacuerdo es parte permanente de la vida colectiva, las palabras en que se discute lo son también. Eso no significa que todas las definiciones valgan igual. Gallie no afirma que todo concepto político sea esencialmente disputado, y Connolly critica una forma de ciencia política empírica, la conductista, no toda medición. Otra postura sostiene que los conceptos pueden fijarse con definiciones operativas sin perder lo esencial, y la discusión con ella sigue abierta.
Para la Ciencia Política el asunto es práctico: medir «poder» o «democracia» obliga a decidir qué partes del concepto cuentan, y esa decisión ya toma partido. Es interpretación de esta entrada.
Gallie es un artículo en inglés, y su lista de condiciones se vuelve manejable si cada una se prueba con un concepto cualquiera y se marca dónde falla. Con Connolly, la imagen del pollo es lo más citado, pero el argumento que la rodea es lo que permite entenderla.
¿Qué decisiones justificaría cada definición rival de un mismo concepto? Probar con libertad, igualdad o democracia, y anotar qué queda dentro y qué queda fuera de cada una, deja ver el argumento de Connolly en acción.
Referencias bibliográficas
Connolly, W. E. (1993). The terms of political discourse (3.ª ed.). Princeton University Press.
Gallie, W. B. (1956). Essentially contested concepts. Proceedings of the Aristotelian Society, 56, 167–198. https://doi.org/10.1093/aristotelian/56.1.167

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