Revisa la interacción en tu ecosistema digital. Un actor político publica un mensaje y los usuarios responden arrojando la palabra «populista» como insulto. Se utiliza para descalificar a quien asigna dinero público, rompe con los protocolos institucionales o carece de las formas convencionales. El concepto queda vaciado de su significado en el debate cotidiano. Desde la ciencia política, el populismo se aleja del debate presupuestal. Operan populismos que expanden el aparato estatal y otros que privatizan los servicios públicos. El análisis exige abandonar la revisión del gasto y centrarse en la construcción del discurso.
El politólogo Cas Mudde ofrece una definición operativa. Diagnostica el populismo como una «ideología delgada» que requiere anclarse a estructuras robustas, como el nacionalismo o el socialismo. Esta estructura divide a la sociedad mediante una frontera moral binaria. El discurso fragmenta el entorno en dos grupos homogéneos y antagónicos: el «pueblo puro» frente a la «élite corrupta». Bajo esta matriz, la política opera como expresión directa de la voluntad general de ese pueblo.
Al analizar críticamente, el riesgo institucional emerge con claridad. Al definir al «pueblo» como una masa unificada, el liderazgo borra la pluralidad de la sociedad. Quien difiere del líder abandona la categoría de «pueblo» y se integra a la «élite». El esquema anula la existencia de adversarios legítimos e instituye la figura del enemigo por destruir.
Ernesto Laclau obliga a analizar el fenómeno como una lógica de articulación política ante la falla de las instituciones representativas, distanciándolo de la noción de anomalía destructiva. Documenta que cuando el Estado ignora las demandas de sindicatos precarizados o minorías excluidas, surge un liderazgo que agrupa la frustración bajo un «significante vacío».
Este término define a un eslogan o concepto que pierde su rigor técnico original para operar como recipiente de expectativas diversas. El líder traza una frontera: agrupa a los excluidos frente al sistema opresor. El mecanismo transforma a individuos aislados en un actor colectivo con capacidad para disputar el poder del Estado. Esta herramienta de articulación opera hoy con destreza dentro de los movimientos de derecha radical en nuestra región para desmantelar contrapesos institucionales.
Afina tu radar discursivo. Analiza los mensajes de los actores políticos en tu plataforma digital o en el debate público. Cuando escuches la invocación al «pueblo», aplica esta interrogante: ¿A quién excluye deliberadamente de esa categoría en ese instante? La política demuestra que nadie articula un «nosotros» sin fabricar previamente un «ellos» a quien culpar.

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