Imagina que las luminarias de tu calle dejaron de funcionar. Caminar de noche implica riesgo. Alguien en el chat vecinal propone cooperar para comprar reflectores o presionar a la alcaldía. Decenas leen el mensaje. Pasan las horas; nadie responde. Al final, un par de vecinos hacen las llamadas e invierten su tiempo. Días después, regresa la luz. Toda la calle obtiene el beneficio, incluso quienes ignoraron la pantalla.
Suelo utilizar este escenario porque retrata con precisión el dilema de la acción colectiva. Si iluminar la calle mejora el entorno de todos, ¿por qué la reacción generalizada es el silencio?
El investigador Mancur Olson analizó este comportamiento y demostró que la inacción responde a una lógica de cálculo. Si el objetivo es conseguir un «bien público» —un beneficio que no excluye a nadie una vez logrado—, la decisión del individuo es convertirse en un free rider (viajero sin boleto o gorrón). Este concepto identifica a quien obtiene el resultado colectivo sin asumir los costos de organización. Si sé que tendré luz gracias al esfuerzo ajeno, mi estrategia es dejar que otros operen. Bajo esta premisa, la cooperación espontánea decae; requiere incentivos selectivos o la coerción estatal mediante el cobro de impuestos.
Analizar las dinámicas políticas solo desde este cálculo omite evidencia. La politóloga Elinor Ostrom documentó cómo diversas comunidades gestionan recursos de forma sostenida, sin privatización ni control estatal.
Ostrom comprobó empíricamente que no operamos invariablemente como free riders. Ante retos compartidos, las comunidades poseen capacidad para diseñar reglas locales, vigilar acuerdos y aplicar sanciones graduales a quienes los rompen. Esto se denomina «capital social»: redes de confianza y normas compartidas que permiten a un grupo resolver conflictos de manera autónoma, evadiendo el egoísmo.
Te sugiero calibrar tu observación. Ante una falla en el transporte urbano o la falta de agua en tu colonia, analiza cómo reaccionan tus vecinos. Observa quién asume los costos de organización y quién asume el rol de free rider. En ese espacio, evalúa si operan reglas informales para sostener el bien común o si predomina la inacción en espera de la autoridad.

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