Entre las verdades futboleras, una de las más recurridas es la de la continuidad. Los éxitos, se dice, vienen de la mano de los proyectos de largo plazo, los entrenadores necesitan tiempo para trabajar, los directivos deben ser pacientes. Nunca falta el ejemplo de Alex Ferguson cuando se trata de evidenciar esta verdad indubitable.
No obstante, como sucede con los refranes, las verdades futboleras suelen rivalizar con otras totalmente opuestas, que se sostienen con el mismo fervor místico. Se suele decir, por ejemplo, que los procesos se agotan, que las relaciones humanas se desgastan, etc. Hace unos pocos días atrás, Sandro Rosell, presidente del exitoso Barcelona FC, decía, frente a una eventual salida de Guardiola del equipo culé, que el creía que los ciclos de los entrenadores debían durar cinco años, número arbitrario si los hay, como si las relaciones humanas o las motivaciones se desgastaran necesariamente y en períodos regulares.
Ejemplos para refrendar ambas verdades abundan por doquier. Al emblemático ejemplo de Ferguson, que debuta como entrenador del Manchester United en 1986 y obtiene su primera corona en 1990/91, iniciando una larga cadena de éxitos, pueden oponerse otros. Bianchi conquistó en su primer año en Boca los dos torneos que disputó y mantuvo al equipo invicto por más de treinta partidos, construyendo a partir de esos logros un equipo de época. Está claro que el multilaureado ciclo de Bianchi en Boca no fue resultado de la continuidad sino lo contrario, la continuidad fue el fruto de los éxitos. Antonio Carbajal fue durante una década (1984-1994) entrenador del Morelia sin obtener ningún resultado significativo. José Guadalupe Cruz fue campeón con el Atlante durante su primer año en el equipo y posteriormente no pudo repetir, a pesar de permanecer en la institución entre 2007 y 2010. Algunos medios sostienen que el ciclo de Vucetich (tal vez el entrenador más exitoso de México) está agotado porque después de obtener dos campeonatos lleva otros tantos sin resultados (comienzan a aparecer las típicas noticias del vestuario dividido).
Paradójicamente, cuando le preguntaron a Ferguson cuál era el secreto de su continuidad en el timón del Manchester United respondió que era el cambio, el estar renovando con frecuencia el grupo de jugadores al que dirigía. De hecho, el Man. U. se desprende con mayor facilidad que otros equipos europeos grandes de sus máximas figuras.
Un elemento adicional que debería considerarse al hablar de continuidad es el criterio de éxito con que se la evalúa. El Manchester United ha sufrido la eliminación de la última edición de la Champions League a manos del ignoto Basilea y a nadie se le ocurrió que Ferguson debía abandonar el equipo. Marcelo Bielsa dejó a la selección argentina después de ganar los Juegos Olímpicos de Atenas, 2004, y no lo hizo cuando fue eliminado humillantemente en el mundial de Corea/Japón, 2002.
Como en la mayor parte de las cosas que se dicen en el fútbol, la de la continuidad está expuesta a argumentaciones contradictorias. En la medida en que están involucrados sujetos, tanto en la actividad deportiva como en la observación de las mismas, lo más probable es que las generalizaciones carezcan de fundamento. Simpatías, estados de ánimo, rivalidades, ambiciones, accidentes, y, en general las contingencias, hacen posible o no la continuidad, y por las mismas razones el vínculo entre la continuidad y el éxito es igualmente contingente. Los juicios acerca del agotamiento de un ciclo resultan muy difíciles de establecer, máxime para los observadores que desconocen las vicisitudes que envuelven a las contingencias específicas de caso.
Los dirigentes se enfrentan con frecuencia a la incertidumbre. Estirar de más los ciclos o abortarlos prematuramente son riesgos que acompañan de manera continua a sus gestiones. En términos generales estas decisiones se toman con poca información y mucha intuición, por eso solemos decir de aquellos que le atinan con frecuencia que es un viejo lobo, porque normalmente lo más seguro es que quién sabe.

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